lunes, 20 de febrero de 2012

Michael Jackson, Magia y Amor
 Pulgarcita 

Coincido con la Princesa Nadie, cuando era niña  el cuento  de "Pulgarcita"

 siempre producia en mí dos tipos de sensaciones
La primera parte no me gustaba  nada
 porque los personajes del sapo,el topo y el ratón
siempre me resultaron desagradables y me producia cierto desasosiego.
 Pero cuando se acercaba el final todo cambiaba
...esa pradera llena de flores de las que asomaban  pequeños seres alados
y su encuentro con el príncipe...
Por eso la traigo aquí



La golondrina se alzó por los aires y voló sobre la selva y sobre el mar, mucho más arriba que las más altas montañas cubiertas de nieves eternas. Pulgarcita hubiera muerto helada en el frío aire de las alturas, de no guarecerse bajo las plumas del ave, dejando sólo al descubierto su cabecita para poder admirar las hermosas comarcas por sobre las cuales pasaban. Por fin llegaron a los países cálidos, donde el sol brilla con más fuerza y el cielo parece mucho más alto. Aquí y allí, en los cercos, a los lados del camino, crecían vides con racimos negros, blancos y verdes. De los árboles, en el bosque, pendían limones y naranjas, y el ambiente llevaba fragancia de mirtos y azahares. Por los senderos del campo correteaban hermosos niños, jugando con grandes y alegres mariposas. Y a medida que la golondrina volaba más y más, cada lugar parecía más amable aún.
Por último se detuvieron junto a un lago azul a cuya orilla, a la sombra de un bosquecillo de árboles de un verde muy intenso, se erguía un palacio de deslumbrante mármol blanco, reliquia de tiempos pretéritos. Alrededor de sus elevadas columnas se apiñaban las vides, y en las cornisas se veían muchos nidos de golondrinas, uno de los cuales era precisamente el hogar de la que había transportado a Pulgarcita.

-Esta es mi casa -dijo la golondrina-. Pero no es aquí donde te convendría vivir. No estarías cómoda. Será mejor que te elijas una de esas bonitas flores, y yo te depositaré sobre ella. Allí tendrás todo lo que puedas desear para ser feliz.
-¡Será maravilloso! -exclamó ella, aplaudiendo de alegría.
Sobre el suelo había una gran columna de mármol que al caer se había partido en tres pedazos, entre los cuales crecían las flores blancas más grandes y hermosas. La golondrina descendió con Pulgarcita sobre uno de los anchos pétalos. ¡Y cuál no sería su sorpresa al ver en el centro de la flor un tenue hombrecito, tan blanco y transparente como si estuviera hecho de cristal! Tenía sobre la cabeza una corona de oro, y en los hombros delicadísimas telas, y su tamaño no era mucho mayor que el de Pulgarcita. Era uno de los silfos, o espíritus de las flores; precisamente el rey de todos ellos.
-¡Qué hermoso es! -susurró Pulgarcita al oído de la golondrina.
El pequeño príncipe temió al principio la presencia del pájaro, que era como un gigante al lado de una criatura tan delicada como él. Pero al ver a Pulgarcita quedó encantado, y se dijo que era la más hermosa doncella que hubiera visto nunca. Entonces se quitó de la cabeza la corona de oro y la colocó sobre la de la niña; le preguntó su nombre y también si quería ser su esposa y reinar con él sobre las flores.
Ciertamente, aquél era un esposo muy diferente del hijo del sapo, o del topo con su levita de piel y terciopelo. De modo que Pulgarcita dijo: "Sí" al apuesto príncipe.
Entonces todas las flores se abrieron y de cada una de ellas salió un minúsculo caballero o una damisela pequeñita, tan bonitos todos que era una delicia mirarlos. Cada uno ofreció a Pulgarcita un regalo, pero el mejor fue un par de hermosas alas que habían pertenecido a una gran mosca blanca. Se las prendieron a Pulgarcita en los hombros de manera que pudiese ella también volar de flor en flor. Luego hubo una fiesta y a la pequeña golondrina le pidieron que cantara un himno de bodas, a lo cual accedió ella lo mejor que pudo. Pero su corazón estaba triste, pues quería mucho a Pulgarcita y hubiera deseado no separarse nunca de ella.
-Ya no te llamarás más Pulgarcita -dijo el silfo-. No me gusta ese nombre; tú eres demasiado linda para llamarte así. En adelante tu nombre será Maya.
-¡Adiós, adiós! -dijo la golondrina, con el corazón apenado, y partió de los países cálidos para volver a Dinamarca. Allí tenía otro nido, en la ventana de una casa en la que habitaba el narrador de historias. La golondrina cantó: "Pío, pío", y de esa canción surgió el presente relato.
Fin.

Siima Skop es una ilustradora de cuentos muy conocida y admirada en su país
 Todas las ilustraciones originales del cuento completo
se guardan en la Biblioteca Nacional de Estonia


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