Michael Jackson, Magia y Amor
Pulgarcita
Coincido con la Princesa Nadie, cuando era niña el cuento de "Pulgarcita"
siempre producia en
mí dos tipos de sensaciones
La primera parte no
me gustaba nada
porque los
personajes del sapo,el topo y el ratón
siempre me resultaron
desagradables y me producia cierto desasosiego.
Pero cuando se
acercaba el final todo cambiaba
...esa pradera llena
de flores de las que asomaban pequeños seres alados
y su encuentro con el
príncipe...
Por eso la traigo aquí
La golondrina se alzó por los aires y voló sobre la selva y sobre el mar, mucho más arriba que las más altas montañas cubiertas de nieves eternas. Pulgarcita hubiera muerto helada en el frío aire de las alturas, de no guarecerse bajo las plumas del ave, dejando sólo al descubierto su cabecita para poder admirar las hermosas comarcas por sobre las cuales pasaban. Por fin llegaron a los países cálidos, donde el sol brilla con más fuerza y el cielo parece mucho más alto. Aquí y allí, en los cercos, a los lados del camino, crecían vides con racimos negros, blancos y verdes. De los árboles, en el bosque, pendían limones y naranjas, y el ambiente llevaba fragancia de mirtos y azahares. Por los senderos del campo correteaban hermosos niños, jugando con grandes y alegres mariposas. Y a medida que la golondrina volaba más y más, cada lugar parecía más amable aún.
Por último se detuvieron junto a un lago azul a
cuya orilla, a la sombra de un bosquecillo de árboles de un verde muy intenso, se erguía un palacio de deslumbrante mármol blanco, reliquia de tiempos
pretéritos. Alrededor de sus elevadas columnas se apiñaban las vides, y en las
cornisas se veían muchos nidos de golondrinas, uno de los cuales era
precisamente el hogar de la que había transportado a Pulgarcita.
-Esta es mi casa -dijo la golondrina-. Pero no
es aquí donde te convendría vivir. No estarías cómoda. Será mejor que te elijas
una de esas bonitas flores, y yo te depositaré sobre ella. Allí tendrás todo lo
que puedas desear para ser feliz.
-¡Será maravilloso! -exclamó ella, aplaudiendo
de alegría.
Sobre el suelo había una gran columna de mármol
que al caer se había partido en tres pedazos, entre los cuales crecían las
flores blancas más grandes y hermosas. La golondrina descendió con Pulgarcita
sobre uno de los anchos pétalos. ¡Y cuál no sería su sorpresa al ver en el
centro de la flor un tenue hombrecito, tan blanco y transparente como si
estuviera hecho de cristal! Tenía sobre la cabeza una corona de oro, y en los
hombros delicadísimas telas, y su tamaño no era mucho mayor que el de
Pulgarcita. Era uno de los silfos, o espíritus de las flores; precisamente el
rey de todos ellos.
-¡Qué hermoso es! -susurró Pulgarcita al oído
de la golondrina.
El pequeño príncipe temió al principio la
presencia del pájaro, que era como un gigante al lado de una criatura tan
delicada como él. Pero al ver a Pulgarcita quedó encantado, y se dijo que era la
más hermosa doncella que hubiera visto nunca. Entonces se quitó de la cabeza la
corona de oro y la colocó sobre la de la niña; le preguntó su nombre y también
si quería ser su esposa y reinar con él sobre las flores.
Ciertamente, aquél era un esposo muy diferente
del hijo del sapo, o del topo con su levita de piel y terciopelo. De modo que
Pulgarcita dijo: "Sí" al apuesto príncipe.
Entonces todas las flores se abrieron y de cada
una de ellas salió un minúsculo caballero o una damisela pequeñita, tan bonitos
todos que era una delicia mirarlos. Cada uno ofreció a Pulgarcita un regalo,
pero el mejor fue un par de hermosas alas que habían pertenecido a una gran
mosca blanca. Se las prendieron a Pulgarcita en los hombros de manera que
pudiese ella también volar de flor en flor. Luego hubo una fiesta y a la pequeña
golondrina le pidieron que cantara un himno de bodas, a lo cual accedió ella lo
mejor que pudo. Pero su corazón estaba triste, pues quería mucho a Pulgarcita y
hubiera deseado no separarse nunca de ella.
-Ya no te llamarás más Pulgarcita -dijo el
silfo-. No me gusta ese nombre; tú eres demasiado linda para llamarte así. En
adelante tu nombre será Maya.
-¡Adiós, adiós! -dijo la golondrina, con el
corazón apenado, y partió de los países cálidos para volver a Dinamarca. Allí
tenía otro nido, en la ventana de una casa en la que habitaba el narrador de
historias. La golondrina cantó: "Pío, pío", y de esa canción surgió el presente
relato.
Fin.
Siima Skop es una ilustradora de cuentos muy conocida y admirada en su país
Todas las ilustraciones originales del cuento completo
se guardan en la Biblioteca Nacional de Estonia

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