domingo, 18 de diciembre de 2011

Michael Jackson, Magia y Amor


OTRA NAVIDAD
(del libro Michael Jackson, Magia y Amor.)
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Como cada año, saqué la vajilla de la alacena. Había piezas con algún desperfecto, pero nada grave, con una blonda encima haría las veces de u elegante fuente o de bandeja para los cubiertos.
Pero hay cosas impredecibles y la ya un poco desgastada porcelana se vino al suelo con un estrépito de platos rotos.
Entre dolida e incrédula fui retirando los trozos, aquí una cenefa, allá una taza desportillada...
Los próximos días el teléfono fue sonando con excusas tímidas, “lo siento, no te lo tomes a mal, es que no puedo.” Navidad había acabado antes de empezar.
De pronto, sentí el vacío de mi situación y fui aligerando la casa de adornos y guirnaldas.

Fue difícil de pasar. Por Año Nuevo apareció un lindo gato en mi puerta, ya había venido otras veces y se había marchado. Esta vez pasó la noche en casa sobre un mullido almohadón cerca del radiador. Pero al día siguiente le abrí la puerta. Si te quedas conmigo dejarás de ser tu, habrá que operarte y no tendrás opción de salir a cazar, no soportaría que asustaras a los mirlos. Vete gato, aún quedan jardines abandonados, donde podrás hacer tu vida como debe ser, según tu naturaleza. Créeme, para mi no resulta fácil, pero eres joven y fuerte y podrás vivir como te gusta o volver a casa con tus antiguos amos.
Y el gato se marchó. Creo que entendió lo que le decía.
Como mis hijos, los que parecieron romper mi Navidad, cuando, en realidad, se fueron para vivir la suya propia.
Por la noche, derrotada y entre lágrimas se lo conté todo a Michael, mi Navidad de ausencias y la ausencia del gato.
Su respuesta fue 
-¡Oh Nerto! Ojalá me hubieran dejado marchar cuando podía hacerlo y nadie hubiera esperado de mi pequeños o grandes sacrificios, porque tenia deberes con mi familia y con los negocios de otros. ¡Ojalá! me hubieran dejado, sin trabas, ser yo mismo.
Y me dormí con la canción que Michael Jackson susurraba en mis sueños.

  
                                                                      Gracias, Luisa

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