Matar a un Ruiseñor
Si tuviera que situar mi infancia en algún espacio sería en el escenario de “Matar un ruiseñor”
Mis veranos eran muy parecidos a los de Scout, Jem y Titi. Entonces casi no había coches y podíamos jugar en la calle, todas las casas tenían huertos y jardines. También habían casas misteriosas. Siempre dabas un rodeo para evitarlas y si ya empezaba hacerse de noche, buscabas quien te acompañase. Nadie nos dejó regalos en los troncos de los árboles, aunque siempre mirábamos en los huecos con la secreta esperanza de hallar un tesoro... o un duende.

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