En esas horas vacías repaso algunas cartas que escribí en aquellos semanas de incertidumbres y desasosiego, cuando guardaba la desesperada idea qué al despertar el mundo seguiría donde estaba antes de que la noticia nos sacudiera con un estallido ensordecedor.
Ha pasado un tiempo prudente, aquel atisbo, aquella quimera a la que nos aferramos es sólo una flor
deshojada sobre la hierba, tu ausencia, sigue ahí, imponiéndose a otros
sentimientos más inmediatos. Nunca
seremos los mismos, mi dulce príncipe, y
dudo que pueda volver a casa,
porque mi hogar es el pasado. Habito tu
ausencia.
Tienes tanta razón Princesa... Siempre habrá un antes y un después... y una desazón de tristeza que es y será única, distinta y, antes, desconocida, a la que día a día vamos adaptándonos sin querer aceptarla del todo, pero que nos acompañará hasta el final como preludio de un telón bajado precipitadamente a la fuerza.

Tienes tanta razón Princesa... Siempre habrá un antes y un después... y una desazón de tristeza que es y será única, distinta y, antes, desconocida, a la que día a día vamos adaptándonos sin querer aceptarla del todo, pero que nos acompañará hasta el final como preludio de un telón bajado precipitadamente a la fuerza.
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